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Por Marianto Castro MSC
El mundo cinematográfico se ha encargado de mostrarnos seres imponentes, majestuosos, de gran tamaño como lo fueron los dinosaurios. Estos grandes saurios que poblaron la Tierra fueron reptiles gigantescos que comenzaron a poblar la Tierra desde el Triásico hace aproximadamente 230 millones de años; dominaron el planeta durante el Jurásico (220 a 140 millones de años atrás) y comenzaron a disminuir su presencia en nuestro planeta en el Cretácico hace 141 millones de años atrás para extinguirse abruptamente en el límite Cretácico – Terciario hace 65 millones de años.
Pero no tan sólo estos gigantes dejaron de poblar la Tierra hace 65 millones de años de forma abrupta. Gran cantidad de animales y plantas también lo hicieron entre los que se pueden mencionar, a saber:
· Ammonites. Cefalópodos que tienen una concha externa enrollada, por lo general de simetría bilateral, por recordar los cuernos de un carnero se les dio el nombre de ammonites, por Amón, Dios egipcio. · Belemnites. Cefalópodo de 10 brazos, que tienen una concha interna calcárea que fosiliza · Corales. Individuos exclusivamente marinos, sus esqueletos de sostén son calizos y pueden llegar a formar enormes arrecifes o barreras de corales. · Bivalvos. Moluscos de simetría bilateral que poseen una concha sólida de dos valvas. · Foraminíferos. Protozoarios unicelulares, predominantemente marinos, de vida planctónica (flotando en el agua) o bentónica (pegados al fondo marino). · Coccolitos. Excreciones de algas calcáreas · Fitoplancton y zooplancton marino
El límite Cretácico – Terciario esta marcado por la desaparición o extinción de numerosas especies de plantas y animales, por lo que se trata de un caso de extinciones masivas.
Desde que se comenzó a estudiar el fenómeno, se pensó en un evento catastrófico. Las primeras teorías hablaban de grandes erupciones volcánicas en todo el planeta. Otras teorías plantearon cambios climáticos abruptos quizás inducidos por una ciclicidad astronómica. Los biólogos por su parte propusieron la aparición de nuevas formas venenosas de vida vegetal y la competencia con los mamíferos. Otros autores plantearon la posibilidad de una combinación de efectos.
Al principio de la década de los ochenta, aparecieron cuatro publicaciones casi simultáneas de J. Smith & J. Hertogen; K.J.Hsu; Walter Alvarez; C. Emiliani. En ellas se proponía, por primera vez, de manera formal, que la gran extinción del límite Cretácico – Terciario pudo tener una causa extraterrestre.
La hipótesis mejor fundamentada resultó ser la de Walter Alvarez, hijo del Premio Nobel de Física, Luis Alvarez. Padre e hijo en el año 1980 propusieron que un asteroide de 6 a 15 kilómetros de diámetro cayó sobre la Tierra hace 65 millones de años. El impacto penetró la corteza terrestre esparciendo polvo y fragmentos en la atmósfera, causando grandes incendios, olas gigantescas (tsunamis), severos vientos, lluvias ácidas. La atmósfera de la Tierra cambió, se incrementaron las concentraciones de ácido sulfúrico, ácido nítrico y compuestos de fluoruros.
T. Asaro, H. Michel, Luis Alvarez y Walter Alvarez descubrieron en una capa de arcilla de 5 milímetros de grosor un alto contenido de iridio y osmio, elementos tierras raras. El impacto del meteorito o asteroide contra la Tierra, debió haber levantado una nube de partículas finas que recubrieron nuestro planeta, bloqueando el paso de la luz solar por meses, lo que hizo que bajara la temperatura globalmente.
La presencia de elementos tierras raras en diferentes lugares de América del Norte y Europa justo en el límite Cretácico-Terciario. Los elementos tierras raras sólo se encuentran en el núcleo de la Tierra; cuando se observan a nivel superficial deben tener un origen extraterrestre, tal es el caso de capas de Iridium que se han encontrado en Nueva Zelanda; el río Brazos en Texas, Estados Unidos; Dinamarca, Italia, España. Estudios de Alvarez, permiten afirmar que el Iridium se depositó al mismo tiempo que ocurría la extinción. Estas capas han sido encontradas en sedimentos marinos y terrestres.
Otra evidencia son las llamadas tectitas, que no son otra cosa que granos de cuarzo (sílice) provenientes de vaporización bajo intenso calor y presión, que enfrían como vidrio, sin estructura cristalina. Se forma por la energía que se genera por impacto al momento de la colisión. Las tectitas son muy abundantes en el límite Cretácico-Terciario y son el fundamento para apalancar la probabilidad de colisión de un meteoro o cometa con nuestro planeta.
Por otra parte, la stishovita es una forma de cuarzo (sílice) que se crea bajo condiciones de muy alta temperatura y presión. Se forma durante colisiones masivas y también se observa en el límite Cretácico-Terciario.
El cuarzo es un mineral de gran dureza (7 en la escala de Mohr, sólo superado por el topacio, corundo y el diamante), por lo que generalmente no muestra clivaje o planos de fractura. Sólo bajo condiciones de enormes presiones, el cuarzo puede formar planos de ruptura. Se ha encontrado cuarzo ahumado cerca de lugares donde se conoce que ha ocurrido un gran impacto, por ejemplo, Hiroshima, donde explotó una bomba nuclear. En el límite Cretácico-Terciario se le encuentra ahumado y fracturado.
El calor generado por el impacto debió producir un incendio a escala global de bosques y praderas. Esto ha podido ser demostrado en un informe presentado por geoquímicos de la Universidad de Chicago, que fué dado a conocer en 1985. En la capa limítrofe entre en Cretácico y el Terciario encontraron una cantidad sorprendentemente alta de hollín. Estos incendios debieron haber consumido gran parte del oxígeno atmosférico y transformado en monóxido de carbono, al tiempo que aportó nubes de humo y polvo que absorbieron mayor radiación solar. Se debieron haber generado lluvias ácidas a gran escala que ayudaron a destruir la capa vegetal afectando también el fitoplancton marino que bajó los niveles de producción de oxígeno, destruyendo así gran parte de la cadena alimenticia marina.
Días de oscuridad y frío debieron haberse originado hace aproximadamente 65 millones de años. Los organismos no se pudieron adaptar a las bajas temperaturas y oscuridad.. Los niveles de oxígeno sobre nuestro planeta bajaron drásticamente en tierra firme y en los mares. Dado que las plantas viven de la energía que proviene del sol, fueron las primeras en morir. Los cambios en las cadenas alimenticias fueron drásticos. Los animales herbívoros fueron los primeros en perecer en el tope de la cadena alimenticia. Los carnívoros comiéndose los unos a los otros debieron comenzar a extinguirse.
Los dinosaurios y ammonites se extinguieron en su totalidad. Los foraminíferos que fueron extremadamente abundantes y diversos durante el Cretácico tardío, experimentaron una enorme caída en diversidad en el límite Cretácico-Terciario. Los cocolitos (excreciones de algas calcáreas) fueron muy abundantes durante el Cretácico, apenas algunos sobrevivieron el límite Cretácico-Terciario. Por ejemplo, en Dinamarca, en Stevns Klint en el Cretácico se tiene 100% de cocolitos; justo en el límite Cretácico-Terciario no se presentan y en el comienzo del Terciario apenas se observan algunas especies. En Estados Unidos correlaciona con una extinción catastrófica. En el Cretácico se tiene 30% de esporas y 70% de polen. Durante el evento Cretácico-Terciario 99% de esporas y muy posterior al evento se recupera de nuevo la relación.
Existen numerosas evidencias para soportar la teoría del impacto de un asteroide. La Empresa Estatal Mexicana de Petróleo, PEMEX, ha identificado una estructura circular en la Península de Yucatán en la cuenca de Chicxulub, ubicada en lo que hoy en día es el Puerto de Ciudad Progreso en México. Allí se ha observado abundante cuarzo ahumado, tectitas y brechas sedimentarias, éstas últimas, son posibles evidencias de un tsunami, que se originó con el gran impacto. La estructura tiene una edad de 65 millones de años con 200 kilómetros de largo y una profundidad de 1600 metros. El impacto ha sido estimado en 60 millones de megatones, equivalente a una bomba nuclear de 0.2 megatones.
Este gran impacto dejó evidencias en diferentes lugares del mundo, como el Desfiladero de Bottaccione en el Gubbio, Italia, en las calizas denominadas Scalia Rossa. En el acantilado de Stevns Klint, cerca de Copenhague en Dinamarca, donde se observa una capa continua de Iridium considerado como un testimonio importante de la gran catástrofe que hizo que desaparecieran los dinosaurios. En Clear Creck en la Cuenca de Ratón en Colorado y Nuevo México, en Estados Unidos; en Arroyo del Mimbral en México donde existen evidencias de un tsunami u ola gigantesca; en el Río Brazos en Texas donde existen evidencias de escombros del impacto; en Barranco de Gredero al sureste de España, cerca de la ciudad de Caravaca.
El límite Cretácico-Terciario ha sido y seguirá siendo el mas estudiado por lo catastrófico del evento. Hoy en día varios científicos proponen que no fué un solo meteorito el que impactó la Tierra, en aquel momento, sino que fueron varios. El cráter de Shiva esta localizado en el Mar de Arabia, costa afuera de la India y cerca de Bombay. Dataciones del cráter lo ubican en el límite Cretácico-Terciario, hace 65 millones de años, simultáneo con Chicxulub en la Península de Yucatán en México. El cráter de Shiva es denominado por los paleontólogos hindúes como “Sakar Chatterjee for Shiva” que significa “El Dios de la destrucción y la renovación”.
En la región del Gubbio en Italia, se han encontrado con análisis detallados cinco picos de Iridium, lo que indica la posibilidad de varios impactos de meteoritos.
BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA
ALVAREZ, W. 1998 Tyrannosaurus Rex y el Cráter de la Muerte. Critica, Drakontos, Barcelona, España, 201 p.
Cretaceous-Tertiary Mass Extinctions Biotic and Environmental Changes. 1994 Edited by Norman Mac Leod and Gerta Keller. Forward by Niles Eldredge
National Geographic 1992 Crucibles of Creation Volcanoes, Vol. 182, No. 6, Diciembre 1992, p. 5-41.
National Geographic 1993 Dinosaurs, Vol. 183, No. 1, Enero 1993, p. 2-53.
Special Paper 293 1994 Large Meteorite Impacts and Planetary Evolution. Edited by B. O. Dressler, R. A. F. Grieve and V. L. Sharpton. The Geological Society of America, ISBN 0-8137-2293-4
DIRECCIONES INTERNET RECOMENDADAS
http://www.lpl.arizona.edu/SIC/impact_cratering/Chicxulub/Chicx_title.html
http://www.lpl.arizona.edu/SIC/news/chicxulub2.html
http://www.yale.edu/ynhti/curriculum/units/1996/6/96.06.03.x.html
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