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De cómo la verdad brota de la tierra
Aldea Palabor, Comalapa, Guatemala
Publicado originalmente en la Revista laCuerda, Edición 62, noviembre 2003
El sitio donde están haciendo las exhumaciones cerca de Comalapa está
al lado de una extensa milpa, donde sopla un aire fresco. Hace más de
20 años fue ocupado por el ejército con un destacamento militar. Allí
enterraron a cientos de personas inocentes, luego de torturarlas. Los
esqueletos todavía tienen lazos amarrados al cuello, aparecen atados
de pies y manos o están degollados. Son los restos de campesinos de la
región que fueron sacados con violencia de sus casas o atrapados en
las calles del pueblo sin que nunca más sus familiares pudieran saber
nada de ellos.
Es hasta ahora que un equipo de antropólogos forenses los está
rescatando del suelo para luego darles una sepultura digna. Las
mujeres, viudas, huérfanas o parientes, han estado esperándolos por
todo este tiempo. Muchas cuentan que han llorado tanto que hasta han
perdido la vista; otras narran con dolor el prolongado sufrimiento que
han cargado desde el día en que los desaparecieron. Jóvenes, niñas y
niños se asoman a las fosas donde yacen aquéllos a quienes nunca
conocieron pero que han estado presentes en el recuerdo familiar.
IMPRESIONES DE EXPERTOS EN EXHUMACIONES
Comalapa parece un pueblo bastante unido, la gente está al tanto de lo
que pasó y mantiene las expectativas de encontrar a sus familiares. La
convivencia con las personas es muy buena, son colaboradores, afirmó
un antropólogo que trabaja en el lugar. "El apoyo que tenemos no sólo
es de parte de las señoras de CONAVIGUA sino de todos. Tienen gestos
como el de compartirte una naranja, hasta apoyos en nuestra labor. Así
se trabaja lo mejor posible", agregó.
El trabajo en este sitio tiene sus peculiaridades, a diferencia de
otros lugares donde las personas saben que su difunto esta allí. Por
ser éste un antiguo destacamento militar, es probable que se
encuentren enterrados restos de personas que fueron trasladadas de
otras regiones.
SIGNOS DE CRUELDAD
Hasta finales de octubre habían sido encontradas 108 osamentas, de las
cuales siete son mujeres, 100 hombres y un niño de unos 12 años de
edad. Un dato que destaca es que la mayoría de los restos pertenece a
población sub-adulta (que no llega cumplir la mayoría de edad). "Claro
que hay personas adultas pero, a diferencia de otros lugares, una gran
cantidad es gente joven comprendida entre 12 y 17 años de edad",
declaró una antropóloga.
Un alto porcentaje de las osamentas localizado está con los ojos
vendados, aunque los integrantes del equipo de antropología forense no
han efectuado ningún análisis específico para determinar el material
que se utilizó para ello. Se cree que es cinta adhesiva que se usa
para sellar cajas de cartón, ya que está adherida totalmente al hueso.
Además presentan signos como lazos atados a las muñecas, cuerdas
alrededor del cuello, entre otros. Esto implica inmovilidad de las
víctimas en el momento de su muerte, lo cual es un agravante legal,
porque se encontraban en desventaja en el momento del asesinato. Hay
evidencia significativa de que antes de morir esas personas fueron
torturadas, método utilizado por los autores de estos crímenes para
obtener información que les fuera de utilidad.
Muchos presentan traumas por heridas punzantes, cortantes y
obtusas. Por la medida y patrones se presume que la mayoría de las
lesiones fue hecha con machete. En una fosa en la que se encontraban
11 cuerpos, todos estaban decapitados y al centro de la fosa sólo
había tres cabezas. En algunos casos se presume que hubo un
estrangulamiento, a partir de que hay un lazo en el cuello; la muerte
se da regularmente por asfixia, ya que no siempre llega a romperse un
hueso por la región en que se ubica.
Se observa un patrón particular de los destacamentos militares:
utilizaban armas de fuego en la minoría de los casos, porque era como
dar aviso a la gente que estaba alrededor de lo que estaba pasando
dentro. En una fosa sí se encontraron elementos de balística.
La Comisión para el Esclarecimiento Histórico comprobó que la
violación sexual de las víctimas, durante su tortura o antes de ser
asesinadas, fue una práctica común dirigida a destruir la dignidad de
la persona. Al ser consultada sobre este tema, una de las expertas
explicó que lamentablemente no pueden determinar si las siete mujeres
encontradas sufrieron violación; tampoco han encontrado algún indicio
que les permita suponerlo.
HACIA UNA POSIBLE IDENTIFICACIÓN
Los expertos afirman que en los destacamentos se reduce la posibilidad
de identificar a las víctimas. El primer reconocimiento de campo
generalmente se hace a partir de la ropa, pero en este caso se podría
obviar esa primera fase, debido a que algunos sobrevivientes han
testificado que dentro de estos lugares los mantenían desnudos y con
los ojos vendados, en determinado momento les ordenaban vestirse y
tenían que tomar la ropa que tuvieran a su alcance. La identidad debe
basarse en la memoria de la familia como contraparte a los hallazgos
del laboratorio; tienen que encontrar una característica particular,
como cuando falta una pieza en la dentadura o hay una fractura, para
tener mayor seguridad pues tampoco se cuenta con registros médicos.
En el área de exhumación hay momentos de un silencio profundo, triste,
largo como la espera. Pero también hay ratos en los que la risa se
cuela de la mano de la esperanza. Es cuando se cobra conciencia de la
importancia histórica del momento y de los hechos. La gente constata
el horror pasado y confirma su convicción de evitar a toda costa que
esto se vuelva a repetir.
En la última edición de laCuerda hay artículos muy interesantes sobre el miedo y
cómo el miedo afecta de manera diferente a las mujeres y a los hombres.
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