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Los materiales sin brillo son más seguros para los bebés

University of California - Un nuevo estudio del departamento de psicología de la Universidad de California en Davis descubrió que los bebés se sienten particularmente atraídos por superficies brillosas o reflectantes, un hecho que podría ayudar a salvar vidas según los investigadores.

A partir de la teoría que la predilección de los niños por meterse en la boca objetos brillosos es un vestigio de cuando los primates buscaban agua para sobrevivir; el profesor de psicología Richard Coss y dos estudiantes de licenciatura, Saralyn Ruff y Tara Simms, condujeron dos experimentos para determinar como los bebés reaccionaban ante platos de comida con superficies de diferentes grados de brillantez.

Los investigadores estudiaron a bebitos entre las edades de 6 y 12 meses y niños de 13 a 17 meses en guarderías para ver como jugaban con un lustroso plato de acero inoxidable, un plato brilloso de plástico blanco y otros platos de plástico con superficies brillosas u opacas.

Los experimentos mostraron que los pequeños prefieren llevarse a la boca los objetos más brillantes, lo cual tiene implicaciones para el diseño y la fabricación de juguetes, cubiertos, vasos, pomos así como bolsas plásticas, productos caseros y electrodomésticos opinaron Coss y sus estudiantes.

“Las características de los platos que se usaron son similares a las bañeras de losas brillantes, cerámica o fibra de vidrio o grandes baldes de acero galvanizado e inoxidable”, escribieron los investigadores. Aunque es posible que el agua dentro de estos recipientes sea la atracción primordial, es probable que las superficies opacas disminuyan parte de la atracción, especialmente entre los más pequeños.

Además, los investigadores sugieren que se podrían reducir los casos de envenenamiento y asfixia si los envases de las medicinas y los líquidos de limpiar tuvieran superficies deslustradas y las bolsas plásticas se hicieran de materiales sin brillo.

Finalmente, Coss, Ruff y Simms sugieren que reubicar los espejos en los juguetes interactivos complejos podría reducir la tentación de los bebés de ponérselos en la boca, ya que se eliminaría el reflejo parecido al agua que producen las luces en el techo. Estos rediseños ayudarían a combatir la transmisión de gérmenes de un niño a otro a través de la saliva.

Este artículo fue publicado en el número de diciembre del 2003 de la revista Ecological Psicology (Psicología Ecológica).

 

 

 

 

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