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El control de la información al servicio de las minorías J. G. Santiago
Siglos después de la Edad Media y en la época de la Internet, de la información supuestamente masiva y sin fronteras, surgen nuevos filtros a la información con el propósito de callar a quienes opinan diferente. Mientras que una minoría filtra la información y regatea la educación universal, una gran mayoría camina indefensa ante la amenaza del SIDA, la desnutrición y la miseria.
Los filtros continúan porque son un instrumento extremadamente útil para perpetuar "el poder" de unos sobre otros. En la medida en que haya ignorancia, o debilidad relativa, se facilitará la tarea de los tiranos. Aunque los medios de comunicación social han cambiado, los esfuerzos por imponer filtros a la información continúan. Hoy en día es mucho más fácil identificar no sólo los filtros sino las organizaciones que los promueven. Algunas han cambiado de nombre pero siguen igual de recalcitrantes.
Por millones de años la raza humana sufrió la gran amenaza de otras especies animales. Vivir en cuevas oscuras, en guerra y constante terror de ser devorados, seguramente fue una experiencia ambivalente: indeseable pero satisfactoria en los momentos de triunfo. El high de adrenalina provocado por la persecución y la lucha por la supervivencia no desapareció totalmente del subconsciente humano. El hombre siguió atacando a otras especies animales e inclusive a seres de su misma especie, incluyendo a las mujeres, con el propósito de dominar y controlar.
En el devenir literario se transformó a las damas en simples costillas, en malas catadoras de frutas y serpientes, capaces de la reproducción y de la buena cocina pero deficientes en neuronas. En la vida real, se le quiso arrebatar el poder civil y religioso y relegarlas a la procreación y cuidado del hogar. En la medida en que las mujeres fecundasen cada año, seguirían siendo esclavas de las emociones propias de la maternidad. Si en cambio eran educadas más allá de lo debido muy pronto aprenderían que ellas también tenían derechos, entre otros a decidir dónde vivir, qué tareas realizar, cuántos hijos tener, cuándo y con quién tenerlos.
Los pequeños grupos esclavistas buscaron aún más súbditos por motivos sagrados o cívicos. Los entrenaron a valorar la humillación, la obediencia y la auto flagelación que también provocaba -aunque en menor escala- el high de la guerra. En pleno siglo XXI existen organizaciones que requieren de sus miembros el uso de disciplinas corporales que provocan cambios hormonales -algunos aparentemente placenteros- y debilidad emocional. Esas organizaciones pretenden no sólo controlar los impulsos y la información sino también el entendimiento, especialmente cuando éste cuestiona su poder.
De pronto, los dueños del universo -los auto elegidos al liderazgo terrenal y divino- tratan de pasar del control de la correspondencia y prensa escrita al control de la información en forma electrónica. Se sienten con todo el derecho porque -de acuerdo a su inflado súper ego- el control de la comunicación con Dios ya lo tienen. Además, instan a las familias, gobiernos, centros educativos y empresas a filtrar la información, desde luego con las opciones de filtros y criterios que ellos -los sabios de la nueva inquisición- quiere imponer.
En lugar de ayudar a los seres humanos a evaluar, juzgar y decidir por sí mismos, una minoría supuestamente elegida quiere envolver a la mayoría en una burbuja de ignorancia para imponerles un solo camino y hacerles vulnerables al Síndrome de Inmunodeficiencia Intelectual (SIDIme que yo soy estúpido). En lugar de prepararles para cambiar la realidad, los motivan a huir de ella y encerrarse en la burbuja de la ignorancia e insensibilidad al medio ambiente.
El control de la información sigue siendo útil para las minorías totalitaristas. Los objetivo son diferentes, pero los métodos permanecen igual de aberrantes, determinantes y omnipotentes.
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